Como para no volver

¿No tienes nada que hacer? pues vete a descular hormigas: quiero dos montoncitos, a la derecha las cabecitas y a la izquierda los culitos.

Sonrió al recordar su carita cansada pero tranquila por estar entre sus brazos. También intentaba que la plática que llevaban viniera a su mente pero era una labor titánica poner demasiada atención a lo que salía de esa línea que lo volvía loco, aunque ella se sorprendiera por considerar sus labios demasiados sin gracia. La atrajo más a su cuerpo para sentir su calor y escuchar su voz y su risa que últimamente no la abandonaba, haciéndolo reír también. Le ofreció un poco más de calor al aumentar el frío, ella denegó amablemente su ofrecimiento interesada en lo que hoy debía escuchar, ansiosa de saber, conocer, estar y atesorar.

¿Qué lo llevó a hacerlo? La inmediata respuesta: una risita nerviosa y unas mejillas acaloradas. Eso lo animaba siempre porque era fascinante el efecto causado. A ella ppor supuesto que le confundía, no sabía si seguir o detenerse y eso hacía más interesante el juego. Pero esta vez no estuvo dispuesta a ceder y terminar con una carcajada, sino que se apretó más a su cuerpo y a moverse lento, frotando su sexo con movimientos cada vez más seguros que variaban de intensidad y se combinaban con gemidos débiles, que respondían al silencio de él quien no supo que hacer en ese instante.

¿Y si quito el botón de mi pantalón?¿Y si lo bajo un poco? Ni siquiera sabía como pero del jugo inocente se encendía una pequeña llama que se extendía velozmente mientras ella jugaba a despertarlo sin poner atención en que su miembro crecía al contacto de la suave tela moviéndose contra él… a la picardía en sus ojos, a la excitación de la mujer que sabía que podía despertar en el lo que sentía, la seguridad del deseo que había en cada subir y bajar del pecho… sintió como sus manos se posaron ayudadas por ella en sus piernas para atraerla más a su sexo, avivada por el deseo de sentir sus ansias saliendo de control mientras ella podía jugar un poco más… ese gesto en particular que hacía que pasara de un juego a la realidad que habían dejado de buscar.

Ya no podía esperar y con prisa la ropa interior bajó lo suficiente como para exponer la piel en la que se sentía el jugo tibio de su disposición mezclado con la dureza más que dispuesta. El grito de sorpresa tamizado sobre el placer de ambos no tardó en llenar el recinto mientras apretaba los dientes alrededor de su espalda y empezaba un vaivén fuerte y lento, convirtiendo así sus gemidos en pequeños gritos ahogados por el cuerpo que adoraba…

Ella le pedía fuerza, le pedía ahora a gritos que no se detuviera, que se perdiera como ella envolviendo su carne y gimiendo su nombre, que la mordiera una vez más con un último esfuerzo que la hacía temblar y volverse tiempo, tierra, fuego y universo entre sus manos…. Para que la hiciera volver a la vida que se escurría entre sus piernas… mientras la abrazaba para besar su carita confusa llena de placer…

No tenía la menor idea de cómo lo hacía. Lo mejor del caso es que yo tampoco.